IN A HAZE OF FICTION
Come in, let me tell you a story . . .
A ti mami, en tu 77avo cumpleaños
by Y.L. Reyes on August 31st, 2015








“Tomará años, como nos ha tomado a nosotros, comprender la realidad. Su madre fue el antihéroe: trágica, valiente e imposiblemente necesaria.”[1]
 
Mami,  

Hoy tu cumples 77 años y durante los últimos dos meses he tratado de escribir un cuento, una historia para ti. Que aparatoso fracaso. Me perdí completamente tratando de una forma lógica de entender quien en esencia fue la Licenciada Ramona Jiménez Berigüete de Reyes. El intento fue una estupidez! Como me atreví a pensar que yo supe alguna vez realmente quien tú fuiste en realidad? Durante mis 36 años cuando todavía  estuviste físicamente en mi vida, nunca te conocí totalmente. Solo en los últimos años de tu vida vi, por unos minutos, pequeños rastros de quien fuiste alguna vez. Rastros cuando con rabia, ya sabiendo en tu corazón que estabas enferma, me decías con una sonrisa: “Yayi, tu aquí y yo así enferma! Pero ya yo me estoy sanando, así que cuando tu vuelvas ya yo voy a estar bien.” En tu voz se sentía la mentira blanca que me decías y que yo elegía aceptar con desesperación.

Rastros cuando mientras limpiaba tu inmensa colección de libros y documentos, encontré una carta que escribiste estando en tu adorado convento. Narrabas tus inocentes aventuras con tus amigas con una inmensa felicidad. Cuando viste la carta, tu cara se ilumino, llena de claridad por un instante. Recordaste quien eras y tu corazón se terminó de por desmoronar al ver como habías perdido tanto. Entendiste por un segundo, como el peso de tu responsabilidad social y cultural no te permitió cumplir los sueños de tu juventud. Querías ser pianista y actriz, la vena artística fresca y viva bajo tu piel. Pero las mujeres dominicanas “estudian para un profesión clásica, cuidan a sus madres y tienen hijos”; no existe lugar para nada más. Ese fue tu destino escrito por tu familia antes de nacer y con obediencia lo aceptaste y hasta lograste creer en el firmemente hasta el final.

Leyendo esa carta, tuve un pequeño destello de lo que fue el pasado para ti. Una imagen fugaz de aquella joven que nunca pude conocer. Yo solo te conocí a ti, la mujer seria, llena de moral y recato, con temor al llamado “Dios” y “Padre santo”. La mujer llena de un amor inmenso y sonrisas para todos pero, gracias también a ese gran adoctrinamiento religioso, una mujer estricta, difícil.

Te recuerdo como mi fuente de besos, abrazos, canciones de cuna, caramelos de sorpresa y frustraciones ocasionales durante mis momentos de ‘niña malcriada.’ Yo lloraba a diario y tu pobre cuerpo, ya entrado en edad a veces no podía soportar mi llanto. Me castigabas, y luego con remordimiento limpiabas mis lágrimas, me dejabas la marca roja de tus besos en mi mejilla y la vida volvía a su curso.

Te recuerdo como mi enemiga mortal de mi adolescencia. Mi ‘guachimán’ designado. Tu vigilancia constante. El antiguo temor al infame Trujillo y sus enfermas preferencias sexuales todavía acosándote décadas luego de su ajusticiamiento. Las muchachas no pueden andar sueltas por ahí, quien sabe que desgraciado se les aparece. Los hombres en la calle, las niñas en su casa. Nuestras batallas fueron legendarias: tu frustrada y yo rehusándome a cerrar la boca, siempre queriendo tener la última palabra. Lengua Viperina me llamabas cuando ya se te acaban las palabras mientras yo tenía todavía millones más que expresar. Me pedías que me callara, que ya no aguantabas y tenías que escapar de mi incesante hablar para poder respirar. Me castigabas de una forma u otra, y luego de unos días de silencio, todo volvía a la normalidad. Te conocí durante esos años como una mujer humanitaria, con una gran necesidad de ayudar a los demás. Como siempre te rehusabas a tirar comida a la basura, y preferías preparar un plato y llevárselo al que lo necesitase. Como ayudaste a tantos a arreglar sus vidas, sin esperar nada a cambio. Eras una amalgama de colores y mi tonta adolescencia perdió la oportunidad de ver cada uno de tus tonos con claridad.

Te recuerdo como una fuerza invencible al iniciar mi adultez. Primero siendo una mas de tus alumnas; viendo las ganas de enseñar que siempre llevabas a flor de piel. Luego la benefactora que acepto la necesidad que yo tenía de volar, y fabricó las alas sin pensarlo dos veces. Como sonrío cuando recuerdo aquella conversación con uno de tus familiares más aterrorizado por los cambios que trae la vida. Un simple Ella es mi hija y yo la mando para donde yo quiera! Seguido por un “colgón” de teléfono épico! Reías con tanta emoción, como si al defender mis intereses estuvieses haciéndole justicia a la versión joven tuya, cerrando una vieja herida con el hilo de mi destino. Me diste la oportunidad de elegir mi propio camino sabiendo aun que me iría lejos.

Te recuerdo ahora en mis treintas solo como mi mamita. La que al pasar los años se fue empequeñeciendo con dolorosa rapidez, perdiendo el brillo de sus ojos, la sonrisa poco a poco más forzada en cada encuentro. Te recuerdo con la desesperación que acompaña el no aceptar una enfermedad incurable; las medicinas y remedios intentados. Te recuerdo en los brazos de papi, toda tu historia cubierta por una nube desgraciada a excepción de él. Siempre lo reconociste, el fue lo único que quedo siendo real en tu vida. Te recuerdo como la mujer frágil, con las uñas hermosas aun cuando yacías en tu cama eterna. Te recuerdo a diario, te recuerdo mamá.

Nunca supe quien fuiste en realidad. No creo que ninguno de nosotros lo supo con certeza. Si recuerdo tu trato y tu personalidad a mi lado y quizás eso es lo único que podemos desear luego de morir: Que recuerden nuestros hechos y el amor que dejamos sembrado en los demás. Ya no podre agradecerte en persona todo lo que hiciste por mí. Y es que hasta tu rigidez y control forman parte de quien soy hoy y su pudiese comenzar desde cero, solo cambiaría el no haberte agradecido tu amor más a menudo. Lo único que puedo hacer, hoy en el día de tu cumpleaños #77 es publicar esta carta personal para el que quiera leerla y quizás pensar que tu Internet tenga buena conexión en el cielo. Pero no te preocupes mami, porque no importa como cambie mi vida, te llevo por siempre grabada en mi piel.

Feliz cumpleaños, mami.

 Yayi

[1] In Praise of Betty Draper, Difficult Woman. Buzzfeed article, May 2015 (la frase en esta instancia no fue traducida literalmente).


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